QUINTA ETAPA
- Apoyo Santuario San Ramón Nonato

- 2 oct 2021
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* Las reflexiones se inspiran en palabras del Papa Francisco, en 2008 en Luján, siendo Arzobispo de Buenos Aires.
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cuarto Misterio Gozoso: Jesús perdido y hallado en el Templo
Leemos en la Palabra de Dios:

Lc 2, 41-47 Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres... Y sucedió que al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.
(Palabra de Dios R: Te alabamos, Señor)
Igual que María y José después de celebrar la Pascua, ya estamos regresando a casa, con el corazón lleno de experiencias nuevas, algunas que imaginábamos, y muchas que nunca pensamos que íbamos a vivir tan intensamente. Durante el regreso ellos se dieron cuenta de que Jesús no estaba con ellos. ¡Qué momento de incertidumbre que deben haber vivido! Y qué inmenso alivio deben haber sentido al volverse y encontrar a Jesús que se había quedado en el Templo. Se había quedado porque tenía una misión: comenzaba su vida al servicio del Padre, para la salvación de toda la humanidad. Nosotros también estamos de regreso hacia nuestra misión, a nuestra vida diaria. Regresamos cansados pero renovados en la esperanza y en la fe. Como nos dice el Papa Francisco:
“Uno peregrina y después tiene que empezar a actuar eso, que es fruto del hombre y la mujer maduros: la capacidad de regresar, de alguna manera, el camino andado. Para reconciliarse con las realidades de cada día, para reconciliarse con el pueblo que encontró en el camino, y con el cual se dejó encontrar. Para reconciliarse con el pueblo al que pertenece, para reconciliarse con los dolores de ese pueblo, para reconciliarse con las dificultades y las alegrías, para reconciliarse con lo que dejó el pecado, y esto se da en Jesucristo. Es propio de la madurez de hombres y mujeres, la capacidad de regresarse. Tenemos momentos en la peregrinación, donde el físico se cansa. Hasta parece que uno se deprime: es el regreso. El regreso a lo habitual, pero con una comprensión nueva de todo lo que hemos vivido hasta antes de la peregrinación. Y de ahí seguir caminando la vida, sin tener controlado el camino. El camino nunca se controla, el camino nos controla a nosotros.”
Pongamos este cansancio fecundo en manos de Dios, a través de María, y pidámosle regresar a una vida renovada en la esperanza, donde el trabajo y la salud sean dones generosos del Padre para este Pueblo peregrino.
Rezamos: Padre Nuestro, 10 Ave María, Gloria
INTENCIONES: respondemos rezando juntos "María de Luján, ruega por nosotros"
Madre del Pueblo, te pedimos por la salud y el trabajo
Madre del Pueblo, aliviá los dolores del cuerpo y del espíritu que hemos llevado a tus pies.
Madre del Pueblo, que regresemos renovados al camino que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros.
Madre del Pueblo, que al regresar seamos testimonio de la fe del pueblo de Dios que peregrina hacia tu casa.
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

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